COLGADA EN TUS PAREDES

 

 

 

 

Cuando no me ves, 

me cuelo en tus paredes;

voy pintando 

uno a uno 

cada uno de tus nortes 

para que 

cuando te pierdas 

tú seas tu brújula

y apuntes siempre a ti,  

que pierdas 

de nuevo 

las últimas gotas de sed

que colmaron tus nudillos

para abrirte las puertas 

 que te cierro

cuando te quedas dormido;

que veas

como me descubro 

cuando me encuentro mirándote 

a altas horas de la noche, 

midiendo la temperatura de tu piel

y tus instintos,

enredados en una cama 

que 

a veces

parece una tumba

y otras

un crujido, 

para que alientes 

contra tus sentidos 

y no se te escape 

ni una mínima ola

de ese agua 

que ahoga tus manantiales

y

en momentos como estos,

entierra mis pensamientos. 





Verás que mi cuerpo

es ese hogar

que golpea muchas tardes

tus vacíos,

y te llena de deseos intangibles 

que en mañanas de frío 

te calientan las manos 

para cubrir tus espacios. 


Siempre andas cogido 

del corazón de quién te lleva 

porque contigo es imposible 

arbitrar estos latidos, 

sabes que me apuñalas 

cuando acaricio mis futuros 

uno a uno 

y tus puñales llegan 

para perforarme las sienes, 

y llevarte conmigo 

en cada ruta de mis planes. 


Nada me hace más feliz 

que verte llorando

porque haces bonita hasta la tristeza, 

me cuelgo de tus labios 

que acallan mis palabras 

para confirmar las sospechas; 


que te quiero 

como solo quiere la poesía, 

que me liberas 

cuando desnudo mi alma ante ti 

y ella baila alrededor de tu hoguera,


que me sostienes despacio

bajo esos puños 

que ondean banderas

cuando despliegan las alas,


tú,

que conviertes la magia

en un truco imposible, 

que me enseñas 

lo que es el amor;






que el amor 

no entiende de distancias, 

ni abandonos, 

ni de juegos psicológicos. 


Que querer implica 

entendernos 

en el pecho de otros, 

que el espacio de muchos

no se olvida, 

se ocupa,


que abrazar significa 

fundir las miradas, 

que ayudar abarca 

aquellos lugares del mundo 

que inventas para mi 

para acelerar mis huidas. 


Que quien bien te quiere 

te busca,

y quien bien te quiere

te encuentra;

y es en ese instante 

en el que nos conocemos 

cuando nuestros mundos se chocan,

y no estallan, 

resuenan.  

 

Y es por eso que no me ves, 

soy ese último minuto de sueño 

que te queda para despertar,

la última sombra que enrojece tu ausencia,

la luz del día que aflora en tu memoria; 




andando siempre colgada en tus paredes. 

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