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Mostrando entradas de enero, 2024

UN ADIÓS A TIEMPO

          El olvido es una forma de matar mientras que la ausencia es  otra manera de morir.  Puedo reinventar mañanas, recordar momentos, pintar paredes, borrar reflejos,  olvidar aciertos, cometer errores,  suplicar silencios, revolver pasiones,  levantar misterios,  aprender canciones,  declararse eternos,  sabernos libres,  desistir de efectos,  promover desastres,  acariciar miedos,  detener miradas furtivas,  apagar fuegos,  derribar hielos, abrazar despedidas,  unir la franja horaria  que separa nuestros relojes, compartir presentes,  sentenciar dudas, entender distancias y descifrar un adiós a tiempo.  Pero eso jamás será capaz de devolverme  los pedazos que te llevaste  cuando aún tenía arreglo.  Yo te mate pero tú ya estabas muerto cuando llegué…  

LA ÚNICA MANERA DE DECIRME LA VERDAD

          La mentira que nos une  nos acerca  a la realidad de lo que somos.  Yo me miento en tu cuerpo y mi cuerpo se convierte en agua  para que crezcas tú; me miento cuando respiro  y mi oxígeno  se transforma en invierno  para endurecer tu nieve; Me miento  cuando mis dedos  pernoctan en tus nudillos        para colocar en tu tacto       el miedo y la luz; me miento  cuando de repente mis párpados amanecen observado tus entrañas, y tus pliegues resaltan  las facciones de tu cara        y la vida que me enseñas        cuando me besas de madrugada; me miento con tu recuerdo para no percatarme de tu ausencia,  y me miento  para convertirte siempre en poema.        Me miento para inventarte, empañar tus defectos,  enseñarte el corazón  ...

YO NO TE ELIJO A TI, YO ME ELIJO CONTIGO

      Yo no te elijo a ti,  yo me elijo contigo, nunca he dudado de ti  y desde entonces  nunca me he fallado.  Pasan los días,  los meses,  los años,  y tu mirada va penetrando  más constante -e inconsciente- en este lugar  de recuerdos y olvidos. Miro hacia atrás,  repaso conmigo  aquellas huellas  que contemplaban mi cuerpo, que despertaban el insomnio,  que esclarecían la oscuridad  de mis sombras…  y me doy cuenta  de que esas huellas  en realidad  eras tú;  tú que me seguías, que aclamabas mi pecho, que construías castillos  con mis paredes endurecidas de tanto abandono, que llenabas de cimientos mis silencios impenetrables  y deshacías el cariño  que suponía  la costumbre  de querer odiar -y quererse odiando-.   Mitigaste la pena, regaste mis flores con una calma infinita  que ahora implora  estos ojos apacibles   de tanto...