ASÍ PODRÁN DECIR QUE HE MUERTO POR LA POESÍA
Sabes igual que al silencio de una casa vacía, -a soledad-, y apareces en mi cuerpo así, como por arte de magia -haciendo de la magia algo inabarcable- para mecerme en un abrazo deshabitado dónde por fin me haces sentir parte de algún lugar -ya hasta encuentro felicidad en la tristeza-. Posas tu pecho en mi cabeza -que es donde menos duele y más pesa- y de repente empiezas a llenarme el cuarto de monstruos, el silencio de heridas, la columna de mentiras edulcoradas con un poco de sal y la vida entonces, empequeñecida, realiza su papel con delicadeza vaciándose de mi en un delta de lágrimas… Las noches parecen pesadillas con los ojos abiertos, -ahí entendí porque dormimos siempre con los ojos cerrados- las sábanas han decidido adherirse a mi cuerpo mojado, frío de tanto abandono para arroparme y robarme...