EL CALOR DEL FRÍO

 

 

 

 

Te marchaste 

hace 

dos días de casa 

desde entonces 

he dejado la puerta abierta 

para cuando decidas volver.


Voy siguiendo tu rastro 

-como un perro que protege a su amo-

como si seguirte 

fuese 

el único motivo 

por el que mantenerme despierta,


como si mirarte 

fuese 

el único motivo 

por el que te quedaras dormido 

-que es la única manera que tengo 

de canalizarte 

cuando cierras los ojos- 


y que 

aún estando abrazada a ti, 

sueño contigo para volver a verte

-para que seas lo último 

y lo primero 

en lo que piense cuando amanece-


y consigas llenar 

esta habitación vacía 

de amor, 

y mi cuerpo entero 

de lágrimas, 

para sumergirme

en la tierna manía 

de desvestirte con palabras, 

para que sean tus brazos 

los que siempre 

al volver 

me arropen.  






Que no puedo seguir jugando 

a esto de verte cuando no estás, 

a llevarme a imaginarte 

en el pasillo de casa, 

a hablarte

de todas aquellas veces 

en las que el tiempo 

me separó del olvido, 

y de esa soledad 

que a veces 

me llena de miedos.


Que no puedo seguir acostumbrándome 

a esta rapidez 

con la que se terminan tus besos, 

o a estos kilómetros de distancia 

que nos separan 

de entre vivir o morir 

por dormir abrazados en nuestro pecho. 


Que la vida contigo dura 

lo que dura el latido,

que no puedo seguir invocándote 

para imaginarme que estás, 


que me acaricias el pelo, 

que me susurras al oído la primavera 

para convertirme en flor 

y dejen de ser mis espinas 

las habitantes de mis pliegues. 


Que no puedo seguir sostenerme

en esto de la poesía 

porque me duele más el hecho de pensarte 

que el hecho de que no estés,

 

o que lo leas 

y estas palabras 

te alejen 

del invierno que creamos 

cuando empieza a caer la nieve 

y nosotros nos cobijamos 

en el otoño de nuestros rostros. 





Que me duele ofrecerte esta parte de mi,

yo,

que ya no sé quién soy,

que ya no se 

si soy capaz de odiarme 

o si quererme 

en este abandono 

que me envejece

a la sombra del ruido,

 

que ya no sé si eres real 

o si simplemente 

me he acostumbrado 

al calor de este frío…

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

QUEDARNOS A CIEGAS

TU NOMBRE

YO NO TE ELIJO A TI, YO ME ELIJO CONTIGO