OTRA MIRADA DE LA POESÍA
He entendido
que
cuando se trata de ti,
mis manos parecen un manantial
sobre el que cuelgan tus aguas:
me hago silencio
para darle espacio a tu ruido,
me vuelvo una voz dormida
que habita en tu hombro,
para que
cuando te hable bajito
seas incapaz de oír mi voz,
y no sepas que estoy:
soy todo lo que no ves
cuando miras,
cuando abres esos ojos
que
más que ojos
parecen estrellas
que anclan tus párpados
a tus sueños…
soy
esa luz escondida
detrás de ti
para que siempre brilles,
la que protege
tu espalda de monstruos,
la que se esconde tras la pared
para no impedir que el sol te mire
y te acaricie la cara
y te abrace
como solo es capaz
de abrazar a la luna
cuando hay eclipse,
soy todas las noches
que despiertan tus madrugadas.
Soy la que congela tus presentes,
la que enmaraña tus pasados,
la que vigila tus segundos,
la que es incapaz de verte
más de quince minutos...
Soy todo lo que me haces ser
cuando respiras,
cuando me abres la boca
y me haces querer besar tu cuerpo
más y más,
las palabras que me inspiras,
la ropa que me pones y me quitas,
las cenizas del fuego
de todos tus inviernos,
la culpable de quererte siempre
con los brazos abiertos…
Soy el sentido de tu risa,
el lado salvaje de tus fantasías;
soy todo lo que te escribo
desde otra mirada de la poesía.
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