PEÑÍSCOLA

 

Echo de menos Peñíscola, 

echo de menos ese mar de distancias 

que siempre llevan a ti, 

ese asomarme a tu infancia, 

y a tus ojos  

que se convierten de repente 

en el faro de todos los barcos, 

ese volver a los andares de un niño 

que construye castillos de arena 

en un cuerpo de una niña que jamás conoció, 

pero que siempre le guardó oxígeno 

por si a ella no le apetecía respirar… 


Ese tirar pa’ alante,

y ese mandar a la mierda todas las dudas, 

y que las dudas se las lleve el mar:
como no voy a querer Peñíscola 

si me guarda todo lo lejos del corazón 

que no sabía llevar. 


Echo de menos verte tendido 

sobre las heridas abiertas del pasado,

y echo de menos como te relamo 

todas las conjeturas desnudándote a besos. 

Echo de menos como te quedas dormido 

mientras te hablo y te acaricio 

la nuca y los defectos, 

y que te muestres a mi 

sincero y vulnerable

que es cuando más te quiero. 


Echo de menos que me necesites 

para despertarte, para preparar café, 

para bajar a la playa y recordarme 

que no se me olvide la crema de sol,

y yo recordarte que he vivido tanto de quemarme 

que me he acostumbrado al calor. 


Echo de menos que creas 

que después de todo 

acabaremos volviendo ahí

porque hemos creado juntos un hogar: 

nos hemos querido tanto que 

hemos hecho nuestra el agua del mar. 


Echo de menos verte crecer a ciegas

y que me enseñes 

que la oscuridad del salto 

nunca es tan grande como parece, 

echo de menos el vértigo 

de crear recuerdos en lugares exactos 

a los que luego da miedo regresar,

echo de menos llenarte los silencios

de preguntas 

y que tengas que pensar 

las respuestas del futuro. 


Echo de menos Peñíscola, 

la playa, Julio, la sal que endulza 

todos nuestros deseos: 




echo de menos el mar 

porque el mar me recuerda a ti,

y por ti abandono todas mis orillas. 

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